“Era de
noche y la noche era fría, era la última que viviría este gran santo consabido, a quien hoy la iglesia lo ha tenido
como doctor de la misma. Las catapultas lanzaban bolas de fuego, no quedó
piedra sobre piedra, fue una guerra perdída para los soldados romanos quienes
se defendieron de los barbaros que
sitiaron Roma. Arrasaron con todo pero lo que se pudo librar fueron los
libros que nos relatan la historia que hoy les voy a contar”. Todos los niños estuvieron atentos a lo que a
continuación diría Estanislao, el catequista del pueblo. En ese momento se deja escuchar el suave soplo del viento y las
hojas caídas de los árboles dejaron
arrastrarse a donde este las llevase.
Indudablemente ese era el momento oportuno para que sobresaliera un
silencio y, el catequista de condición
humilde, de porte delgado, y ya entrado en años (algo que se denotaba por su
cabello cano) con una morraleta colgada al cuello se dispone a continuar con el
cuento de San Agustín.
Las
preguntas de los niños que estaban
recibiendo su enseñanza espiritual sobre el sacramento de la Primera Comunión casi siempre eran las
mismas. Los niños (que en total eran seis) querían saber de qué forma se llegaba
al cielo; sus nombres eran los siguientes: Pedro, Juan, Mateo, Lucas, Marcos y Santiago. Todos
estaban entre las edades de seis a siete años, la edad que en ese entonces se
requería para poder tener la Primera Comunión con Jesús. Estos niños como todos
los habidos y por haber salían preguntando a Estanislao –el Catequista- otras
preguntas como por ejemplo: ¿También los animalitos van al cielo cuando mueren?
Uno de todos los niños (de nombre Pedro) que dominicalmente se reunían en el
patio de la iglesia; por ser de tez morena le preguntaba— ¿Allá en el cielo también hay angelitos negros? —a Pedro siempre le
había causado curiosidad si en el cielo todos los ángeles eran blancos como los
que se ven en la televisión o en el cine, o si es que también habían angelitos
del color de su piel—Por favor respóndame dijo Pedro.
Y
aquí es donde comienza la historia que este Catequista empezó a relatarles a
sus discípulos.
—Bien—
Dijo Estanislao—ustedes quieren saber tantas cosas como lo es común en un niño
de su edad, pero hoy voy a contarles la historia de un niño que llegó a ser un
gran santo, siendo un niño normal así como ustedes.
Los
pequeños se sentaron, acomodándose cada quien sobre unas piedras pegadas a
aquella gran ceiba que con su ramaje ofrecía la sombra necesaria para escuchar
aquella santa historia.
—
¿De dónde creen ustedes que era san Agustín? —Pregunto Estanislao. Todos los
niños, mirándose unos a otros y sonrientes empezaron a adivinar. —De Guatemala
Respondió Santiago, —de México dijo Marcos, y así cada uno de los niños fue
dando su respuesta sin acertar. Pedro fue más sincero con su respuesta, simple y sencillamente dijo: No se.
—Pues
bien —dijo Estanislao, acomodándose también sobre una piedra, la misma que
usaba desde que inició con su catequesis— este niño a quien se le conoce hoy en
día como San Agustín no
nació en ninguno de los países que ustedes mencionaron. El nació en un lugar
muy pero muy lejano, hace ya muchos años, más de 1600. Agustín no es ni
Francés, ni Italiano, ni Guatemalteco, ni Mexicano ni nada por el estilo
Agustín fue Africano. En ese momento el rostro de Pedro se lleno de contento
porque él se hacía a la idea que en áfrica solo personas de color vivían.
De esa forma el podría algún día también estar
cerca de Dios. —Luego continuó diciendo: Agustín
era un niño como todos, desde pequeño sintió muchas ganas de jugar, no sentía
gran atracción por los estudios, pese a sus cualidades extraordinarias en la
escuela. —Pedro le preguntó— ¿Qué clase de las que
recibía en la escuela le gustaba más? —Bueno—respondió Estanislao—en lo que
Agustín sobresalía era en la oratoria, esto quiere decir que era bueno
para dar discursos. El humilde catequista continúa su historia y los niños se ven
muy entretenidos al escuchar sobre la vida de este gran santo.
Los padres
de Agustín eran Patricio y Mónica; ella atendía el hogar y él era propietario
de una tienda de artículos de consumo diario. Su madre Mónica era muy buena
cristiana, menos su padre que estaba lejos de ser bautizado. Por otro lado
Agustín va aprendiendo las cosas malas que le enseñan sus amigos. A veces hace
trampa en los juegos para ganar a toda costa. Es mas él se presentaba como jefe de
la pandilla. Aborrecía que se le forzara a ir a la escuela pero a pesar de todo
lo obligaban a hacerlo. Agustín, incluso a veces, era azotado porque no ponía
mucho interés en aprender. En cierta ocasión se le ocurrió robar peras sólo
para darse el gusto que él podía hacer lo que se propusiera, y terminó tirando
las peras a los cerdos. — ¿y qué pasó con el tiempo, siguió estudiando? —Pregunto
uno de los receptores— Por supuesto respondió Estanislao. Con el tiempo
hizo buena carrera en las letras y llegó a ser profesor en la escuela de su
pueblo y más tarde en Roma y Milán. Sus excelentes cualidades literarias, y
sobre todo su oratoria era bien conocida por todos.
Pero ese género de vida no le
satisfacía del todo. Se sentía insatisfecho en su profesión. Agustín empezó a
buscar respuestas con respecto a ¿qué es la verdad? Y — ¿qué
es la verdad? preguntó uno de los niños. —
¿Dónde puede encontrar el hombre la verdad y la felicidad? Pregunto otro ¿Dónde
está Dios? Y así fueron saliendo otras preguntas de los niños hacía su mentor espiritual.
A los 32 años aquel profesor de
retorica descubre a Jesús, o mejor dicho Jesús se deja encontrar por Agustín
que pide ser bautizado, Agustín ya no vive sino para Dios. Abandona toda la
gloria del mundo y regresa a su natal África que ya nunca más dejará. Se hace
amigo de un grupo de jóvenes dedicado por completo al estudio de la biblia y,
al servicio de Dios y de sus hermanos.
Pronto su fama de hombre de Dios
llega muy lejos, y los cristianos de su pueblo y de las ciudades vecinas le
ruegan que acepte el sacerdocio. Y más tarde el Obispado.
Durante más
de 40 años, dentro de una vida sencilla y pobre, Agustín no cesa de hacer conocer a cristianos
y a paganos, de su patria y del extranjero, el amor de Dios que ha cambiado el
rumbo de su vida. Agustín es un famoso predicador de la palabra de Dios.
Agustín se convierte en un escritor
extraordinario y, al mismo tiempo, es un luchador, que defiende la iglesia
africana de las demás doctrinas que aparecen en su tiempo.
Dejo un invaluable tesoro a través de
sus escritos que fue lo único que se pudo salvar de la guerra entre los
barbaros, quienes habían rodeado la ciudad donde se encontraba Agustín. —Don Estanislao y
¿cómo fue que murió este Santo? —pregunto Pedro, quien se imaginaba que
había muerto como Jesús en una cruz.
Bueno—replicó el
catequista viendo su reloj, pues sabía que los niños debían regresar a sus
casas y seguirse preparando la mañana siguiente. Agustín que ya en ese tiempo
era Obispo quiso librar esa batalla de la que estaba seguro su pueblo iba a
perder, pero el gobernador que era una persona muy orgullosa no estaba de
acuerdo a llegar a un acuerdo con el rey de los barbaros, así que, Agustín al ver la negligencia del gobernador
que incitaba a sus soldados a pelear, no quiso abandonar la ciudad y aunque él
no utilizó ninguna arma para defenderse de los enemigos se subió a la parte
alta de uno de los castillos. Era de noche y la noche era fría, era la última que viviría este gran
santo consabido, a quien hoy la iglesia
lo ha tenido como doctor de la misma. Las catapultas lanzaban bolas de fuego,
todas con la misión de destruir lo que quedaba del imperio Romano, no quedó
piedra sobre piedra, fue una guerra perdída para los soldados romanos quienes
se defendieron de los barbaros que
sitiaron Roma. Arrasaron con todo; lo que se pudo librar fueron los
libros que nos relatan la historia…Las Confesiones de San Agustín.
Ante
este cuento cristiano los niños comprendieron que los santos a quienes la
iglesia los reconoce como tales no han sido personas buenas o bien portadas,
Santa Mónica rezó por 18 años para que se convirtiera al cristianismo San
Agustín. San Patricio (su padre) no fue sino hasta poco antes de morir que
pidió ser bautizado. San Agustín tuvo esposa y procrearon un hijo, ella lo
abandonó por ser una persona libertina dejándole al niño quién falleció a la
edad de 17 años.
Los
niños regresaron meditativos a sus casas admirados de cómo aun a pesar de los
pesares, haciendo un poco de sacrificio se puede obtener el camino hacia la santidad.
Y
colorín colorado este cuento se ha terminado.Colaborador: Kevin Santos
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