martes, 5 de noviembre de 2013

CAMINO HACIA LA SANTUDAD (CUENTO)

“Era de noche y la noche era fría, era la última que viviría este gran santo  consabido, a quien hoy la iglesia lo ha tenido como doctor de la misma. Las catapultas lanzaban bolas de fuego, no quedó piedra sobre piedra, fue una guerra perdída para los soldados romanos quienes se defendieron de los barbaros que  sitiaron Roma. Arrasaron con todo pero lo que se pudo librar fueron los libros que nos relatan la historia que hoy les voy a contar”.  Todos los niños estuvieron atentos a lo que a continuación diría Estanislao, el catequista del pueblo. En ese momento se  deja escuchar el suave soplo del viento y las hojas caídas de los árboles  dejaron arrastrarse  a donde este las llevase. Indudablemente  ese era  el momento oportuno para que sobresaliera un silencio y,  el catequista de condición humilde, de porte delgado, y ya entrado en años (algo que se denotaba por su cabello cano) con una morraleta colgada al cuello se dispone a continuar con el cuento  de San Agustín.
Las preguntas  de los niños que estaban recibiendo su enseñanza espiritual sobre el sacramento de  la Primera Comunión casi siempre eran las mismas. Los niños (que en total eran seis) querían saber de qué forma se llegaba al cielo; sus nombres eran los siguientes: Pedro, Juan,  Mateo, Lucas, Marcos y Santiago. Todos estaban entre las edades de seis a siete años, la edad que en ese entonces se requería para poder tener la Primera Comunión con Jesús. Estos niños como todos los habidos y por haber salían preguntando a Estanislao –el Catequista- otras preguntas como por ejemplo: ¿También los animalitos van al cielo cuando mueren? Uno de todos los niños (de nombre Pedro) que dominicalmente se reunían en el patio de la iglesia; por ser de tez morena le preguntaba— ¿Allá en el cielo también hay angelitos negros? —a Pedro siempre le había causado curiosidad si en el cielo todos los ángeles eran blancos como los que se ven en la televisión o en el cine, o si es que también habían angelitos del color de su piel—Por favor respóndame dijo Pedro.
Y aquí es donde comienza la historia que este Catequista empezó a relatarles a sus discípulos.
—Bien— Dijo Estanislao—ustedes quieren saber tantas cosas como lo es común en un niño de su edad, pero hoy voy a contarles la historia de un niño que llegó a ser un gran santo, siendo un niño normal así como ustedes.
Los pequeños se sentaron, acomodándose cada quien sobre unas piedras pegadas a aquella gran ceiba que con su ramaje ofrecía la sombra necesaria para escuchar aquella santa historia.
— ¿De dónde creen ustedes que era san Agustín? —Pregunto Estanislao. Todos los niños, mirándose unos a otros y sonrientes empezaron a adivinar. —De Guatemala Respondió Santiago, —de México dijo Marcos, y así cada uno de los niños fue dando su respuesta sin acertar. Pedro fue más sincero con su respuesta,  simple y sencillamente dijo: No se.
—Pues bien —dijo Estanislao, acomodándose también sobre una piedra, la misma que usaba desde que inició con su catequesis— este niño a quien se le conoce hoy en día como San Agustín no nació en ninguno de los países que ustedes mencionaron. El nació en un lugar muy pero muy lejano, hace ya muchos años, más de 1600. Agustín no es ni Francés, ni Italiano, ni Guatemalteco, ni Mexicano ni nada por el estilo Agustín fue Africano. En ese momento el rostro de Pedro se lleno de contento porque él se hacía a la idea que en áfrica solo personas de color vivían.
 De esa forma el podría algún día también estar cerca de Dios. —Luego continuó diciendo: Agustín era un niño como todos, desde pequeño sintió muchas ganas de jugar, no sentía gran atracción por los estudios, pese a sus cualidades extraordinarias en la escuela. —Pedro le preguntó— ¿Qué clase de las que recibía en la escuela le gustaba más? —Bueno—respondió Estanislao—en lo que Agustín sobresalía era en la oratoria, esto quiere decir que era bueno para dar discursos. El humilde catequista continúa su historia y los niños se ven muy entretenidos al escuchar sobre la vida de este gran santo.
Los padres de Agustín eran Patricio y Mónica; ella atendía el hogar y él era propietario de una tienda de artículos de consumo diario. Su madre Mónica era muy buena cristiana, menos su padre que estaba lejos de ser bautizado. Por otro lado Agustín va aprendiendo las cosas malas que le enseñan sus amigos. A veces hace trampa en los juegos para ganar a toda    costa. Es mas él se presentaba como jefe de la pandilla. Aborrecía que se le forzara a ir a la escuela pero a pesar de todo lo obligaban a hacerlo. Agustín, incluso a veces, era azotado porque no ponía mucho interés en aprender. En cierta ocasión se le ocurrió robar peras sólo para darse el gusto que él podía hacer lo que se propusiera, y terminó tirando las peras a los cerdos.  — ¿y qué pasó con el tiempo, siguió estudiando? —Pregunto uno de los receptores— Por supuesto respondió Estanislao. Con el tiempo hizo buena carrera en las letras y llegó a ser profesor en la escuela de su pueblo y más tarde en Roma y Milán. Sus excelentes cualidades literarias, y sobre todo su oratoria era bien conocida por todos.
Pero ese género de vida no le satisfacía del todo. Se sentía insatisfecho en su profesión. Agustín empezó a buscar respuestas con respecto a ¿qué es la verdad?  Y — ¿qué es la verdad? preguntó uno de los niños. — ¿Dónde puede encontrar el hombre la verdad y la felicidad? Pregunto otro ¿Dónde está Dios? Y así fueron saliendo otras preguntas de los niños hacía su mentor espiritual.
A los 32 años aquel profesor de retorica descubre a Jesús, o mejor dicho Jesús se deja encontrar por Agustín que pide ser bautizado, Agustín ya no vive sino para Dios. Abandona toda la gloria del mundo y regresa a su natal África que ya nunca más dejará. Se hace amigo de un grupo de jóvenes dedicado por completo al estudio de la biblia y, al servicio de Dios y de sus hermanos.
Pronto su fama de hombre de Dios llega muy lejos, y los cristianos de su pueblo y de las ciudades vecinas le ruegan que acepte el sacerdocio. Y más tarde el Obispado.
Durante más de 40 años, dentro de una vida sencilla y pobre,  Agustín no cesa de hacer conocer a cristianos y a paganos, de su patria y del extranjero, el amor de Dios que ha cambiado el rumbo de su vida. Agustín es un famoso predicador de la palabra de Dios.
Agustín se convierte en un escritor extraordinario y, al mismo tiempo, es un luchador, que defiende la iglesia africana de las demás doctrinas que aparecen en su tiempo.
Dejo un invaluable tesoro a través de sus escritos que fue lo único que se pudo salvar de la guerra entre los barbaros, quienes habían rodeado la ciudad donde se encontraba Agustín. —Don Estanislao y  ¿cómo fue que murió este Santo? —pregunto Pedro, quien se imaginaba que había muerto como Jesús en una cruz.
Bueno—replicó el catequista viendo su reloj, pues sabía que los niños debían regresar a sus casas y seguirse preparando la mañana siguiente. Agustín que ya en ese tiempo era Obispo quiso librar esa batalla de la que estaba seguro su pueblo iba a perder, pero el gobernador que era una persona muy orgullosa no estaba de acuerdo a llegar a un acuerdo con el rey de los barbaros, así que,  Agustín al ver la negligencia del gobernador que incitaba a sus soldados a pelear, no quiso abandonar la ciudad y aunque él no utilizó ninguna arma para defenderse de los enemigos se subió a la parte alta de uno de los castillos. Era de noche y la noche era fría, era la última que viviría este gran santo  consabido, a quien hoy la iglesia lo ha tenido como doctor de la misma. Las catapultas lanzaban bolas de fuego, todas con la misión de destruir lo que quedaba del imperio Romano, no quedó piedra sobre piedra, fue una guerra perdída para los soldados romanos quienes se defendieron de los barbaros que  sitiaron Roma. Arrasaron con todo; lo que se pudo librar fueron los libros que nos relatan la historia…Las Confesiones de San Agustín.
Ante este cuento cristiano los niños comprendieron que los santos a quienes la iglesia los reconoce como tales no han sido personas buenas o bien portadas, Santa Mónica rezó por 18 años para que se convirtiera al cristianismo San Agustín. San Patricio (su padre) no fue sino hasta poco antes de morir que pidió ser bautizado. San Agustín tuvo esposa y procrearon un hijo, ella lo abandonó por ser una persona libertina dejándole al niño quién falleció a la edad de 17 años.
Los niños regresaron meditativos a sus casas admirados de cómo aun a pesar de los pesares, haciendo un poco de sacrificio se puede  obtener el camino hacia la santidad.
Y colorín colorado este cuento se ha terminado.

                                                                                                                                Colaborador: Kevin Santos